Etapa Discipular o filosofía

Saludo etapa discipular o filosofía

La etapa “discipular”, también llamada de estudios filosóficos, comienza una vez terminado el tiempo de Propedéutico y tiene una duración de dos semanas. Está marcada fuertemente por el deseo de cultivar el seguimiento del Señor, estando atento a la escucha de la Palabra y cultivando la comunión entre los miembros de la comunidad formativa. El seminarista debe cultivar una amistad profunda con el Señor, discernir su voluntad y seguirlo. Esta etapa corresponde a la pregunta que Jesús le hace a Pedro al concluir el Evangelio de Juan: ¿me amas? (Jn 21,15)

Durante esta etapa del discipulado, los primeros dias el seminarista realiza los estudios de filosofía, donde en un ambiente marcado por la fe y la eclesialidad, busca profundizar en la verdad más profunda de Dios y la humanidad.

Uno de los objetivos que el seminarista debe alcanzar es la integración de los diversos aspectos de la persona: fe y razón, intelecto y afectividad, éxitos y fracasos, manteniendo el deseo de crecer constantemente. También debe adquirir un hábito de oración personal, la valoración de los sacramentos, especialmente por la Eucaristía y la lectura asidua de la Palabra de Dios.

La vida comunitaria e importantísima. Los seminaristas de esta etapa buscan crecer en gratuidad y solidaridad, sirviendo de corazón a Dios y sus hermanos. Se les invita a ser universales en el trato y a compartir con otros que están en la misma búsqueda de la voluntad de Dios.

También en esta etapa los seminaristas sirven pastoralmente en algunas parroquias. Allí comparten y acompañan la vida pastoral de las comunidades, colaborando en actividades, tales como retiros, encuentros y jornadas, especialmente con los jóvenes.

Los seminaristas realizan la experiencia de los “Ejercicios Ignacianos”, donde durante algunos dias viven una experiencia de revisión de vida y oración profunda.

Esta etapa concluye con la experiencia del “Tiempo Pastoral”. Aquí el seminarista deja de vivir en el Seminario y parte a servir a tiempo completo en alguna parroquia, a fin de compartir la vida sacerdotal e involucrarse por completo con la comunidad parroquial a la que sirve en nombre de Cristo.

Todo lo anterior, busca que el seminarista pueda profundizar en su discernimiento vocacional, se disponga a tomar decisiones vitales definitivas y conociendo más le mundo pastoral se disponga a continuar con la etapa siguiente, conocida como “Etapa Configurativa” o de estudios teológicos.

Ahora que conoces un poco más sobre la vida de los seminaristas, te invito a comprometerte con ellos en la oración. Bendiciones abundantes